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Cómo ser amable y firme a la vez al educar a los niños

Si eres una madre o padre que se ha informado y formado para educar a sus hijos desde la disciplina positiva habrás escuchado más de una vez que hay criar desde la amabilidad y la firmeza. Pero, ¿eso cómo se hace? ¿Es una contradicción? A continuación abordamos cómo poner límites amables y firmes a los niños y niñas para que sean respetuosos y efectivos. Además, te damos ejemplos prácticos con frases que puedes cambiar a la hora de comunicarte con tus hijos o hijas.

Ser amable y firme a la vez a la hora de educar es una máxima de la disciplina positiva o crianza respetuosa. Esto de la amabilidad, que internamente nos puede resonar como algo lógico, en muchísimas ocasiones se confunde con un tipo de educación bastante laxa, en la que se deja a la niña o niño hacer lo que le dé la gana, sin ningún tipo de norma o límite a las conductas inadecuadas.


En el lado opuesto, la firmeza en ocasiones también se puede interpretar como autoritarismo. Sin embargo, son términos que nada tienen que ver. Tal y como lo entiende la disciplina positiva, la firmeza ha de ir acompañada de cariño, calidez y receptividad, mientras que el autoritarismo va asociado al exceso de control, la severidad, la distancia emocional y la falta de receptividad.


Pero entonces, ¿qué implica ser amable a la vez que firme al educar a los niños y niñas y cómo podemos lograrlo? Digamos que ser amables es ser respetuosos con nuestros hijos e hijas y ser firmes es ser respetuosas con nosotras y nosotros mismos. Significa tratar a la criatura siempre con respeto, aunque su comportamiento haya sido inadecuado, igual que solemos hacer con alguien adulto que se ha equivocado. Se trata también de hacernos respetar, corregir o reconducir una conducta sin recurrir a los gritos, las amenazas, las palabras hirientes o los reproches.


Cómo conseguirlo es más largo de responder, pero para lograrlo es imprescindible contar con unas normas suficientes y poner unos límites ajustados a la edad evolutiva de los niños o niñas a las que van dirigidos. Se trata de hacer un cambio de chip en nuestra manera de interactuar con nuestras niñas y niños y, por supuesto, no siempre será un camino de rosas. Requerirá de muchas repeticiones y de grandes dosis de paciencia por nuestra parte.


Por qué es tan importante poner normas a tus hijos

Como se puede inferir, ser amable no está reñido con la existencia, respeto y consideración de unas normas y límites adecuados. Establecerlos es una de las labores más importantes en el proceso de crianza, ya que contribuyen a la integración social de las y los pequeños. De hecho, la ausencia de límites puede ser muy peligrosa. Las niñas y niños que crecen en un entorno sin límites pueden convertirse más fácilmente en tiranas y tienen más papeletas, por ejemplo, para desarrollar una psicopatía.


Los límites permiten estructurar el cerebro infantil, en continua ebullición, pero siempre y cuando les enseñemos previamente a nuestros y nuestras pequeñas cómo cumplir dichos límites. De nada sirve que los impongamos si no hemos explicado antes a las y los infantes qué esperamos de ellos.


Los límites ayudan al cerebro a adaptarse y prepararse para los cambios y las diferentes actividades, provocando que se active la zona ejecutiva del cerebro y preparándolo para aprender. Al igual que las rutinas, dan seguridad y facilitan el aprendizaje, ya que cuando algo se repite y se practica, el cerebro interioriza lo que tiene que hacer, motivando que la niña o niño se relaje y se adapte más fácilmente a las situaciones.


Por otro lado, los límites sirven solo si son establecidos desde el respeto; si son límites amables y firmes. Es decir, si practicamos la empatía, si tenemos en cuenta las habilidades propias de cada niña o niño y si validamos sus emociones durante el proceso de implantación.


Si, por el contrario, utilizamos frecuentemente los gritos, las amenazas o los castigos romperemos la conexión con nuestro hijo o hija, promoviendo que la criatura se estrese y deje de aprender.


Cómo poner límites a los niños desde la amabilidad y la firmeza


Como personas adultas debemos aprender a poner límites, mantenernos firmes con ellos, vigilar que se cumplan sin entrar en peleas o luchas de poder y sin obligar por la fuerza a nuestros hijos e hijas. Debemos usar el modelaje para dar ejemplo y mostrar a los niños y niñas cómo parar, escuchar y hacer la tarea.


Algunos ejemplos prácticos de frases que muestran que estamos siendo amables y firmes a la vez:


- 'Entiendo tu enfado, sé que quieres seguir jugando, pero ya es hora de irnos a la cama' en vez de 'Deja de llorar. Nos vamos a la cama y punto'.


- 'Venga, es la hora del baño, ¿con qué quieres jugar hoy, con el pato o con la foca?' en vez de '¡Que vengas al baño ya! Si no vienes, luego no hay cuento'.


- 'Mira, vamos a guardar la ropa limpia en este cajón (y guardas una prenda a modo de ejemplo), la ropa sucia en esta cesta (ídem) y los juguetes en estas cajas (haces lo propio). Así mañana sabrás dónde está cada cosa y será más fácil poder jugar' en vez de 'Recoge tu habitación'.


- 'Mira, las manos las usamos para acariciar (le acaricias o coges su mano y te acaricias), no para pellizcar a tu hermana' en vez de 'No se pellizca'.


- 'En este lugar se habla bajito (modulando la voz)' en vez de 'Cállate'.


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